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Wolfenstein: Youngblood

Wolfenstein: Youngblood llega como un spin-off de una de las series más emblemáticas de los juegos de disparos en primera persona. Bethesda ha optado por concepto diferente, que si bien cumple en varios apartados, podría decepcionar a los fanáticos de Wolfenstein por su poca profundidad.

Doom y Wolfenstein son dos franquicias que resurgieron en años recientes gracias al excelente trabajo de id Software y MachineGames. Mientras que el nuevo Doom rescata los elementos arcade que hicieron famoso al original, Wolfenstein ha optado por una jugabilidad más lineal y pausada, con enfoque en la narrativa.

Tal vez esa sea la razón por la que la opinión sobre Wolfenstein: Youngblood, el nuevo spin-off de la serie, se haya polarizado. El juego, desarrollado en conjunto por MachineGames y Arkane Studios (Dishonored), se aleja de la fórmula inicial y ofrece una experiencia en cooperativo más ligera y con guiños a looter shooters como Borderlands.

Wolfenstein: Youngblood no es malo, simplemente trata de ser diferente y en algún momento pierde el rumbo, convirtiéndose en un popurrí de ideas con poca cohesión. Eso puede ser suficiente para que un fanático de The New Colossus se sienta “traicionado”.

Wolfenstein: Youngblood se desarrolla en los años ochenta, en donde los Nazis se niegan a desaparecer y todavía controlan una parte de Francia. La trama se centra en la extraña desaparición de B.J. Blazkowicz, al que sus hijas gemelas — Jess y Soph —tratarán de encontrar.

La única pista lleva a nuestras protagonistas a Neu-Paris, en donde conocen a la líder de la Resistencia a quien deciden apoyar con el fin de descubrir el paradero de Blazkowicz. A diferencia de los juegos anteriores, Youngblood no es una experiencia lineal ya que las misiones ubicadas en el París ochentero pueden efectuarse en el orden que se desee.

El mapa se divide en varias zonas de Paris, conectadas por el Metro y gestionadas desde una base especial ubicada en las catacumbas. Es esta última zona en donde podremos recuperar el aliento, recargar nuestras armas y obtener nuevas misiones.

Aquellos con experiencia en los títulos anteriores se darán cuenta del salto evidente que existe en el diseño de juego. Wolfenstein Youngblood mantiene casi intacto el gunplay, pero con un toque extra de velocidad apoyado por un doble salto como en Doom. Los desarrolladores compensan la falta de experiencia de las gemelas en la guerra con un traje superpoderoso que permite recargar las armas más rápido o realizar movimientos especiales.

Los escenarios se adaptan muy bien al juego cooperativo: son más amplios y cuentan con zonas para cubrirse o flanquear al enemigo. Este es uno de los puntos más notables y se nota la mano de Arkane Studios, quienes tienen experiencia abordando distintos tipos de jugabilidad en la saga Dishonored.

Cada región de Neu-Paris está llena de zonas a explorar, en donde obtendremos dinero para mejorar las armas y algunos bonus que desbloquean ciertas secciones en los menús. Si bien las zonas secretas es algo que hemos visto desde los juegos originales, en Wolfenstein: Youngblood hay un elemento adicional que nos invita a recorrer todo el mapa: el loot.

El salto al ‘looter shooter’

Jess y Soph suben de nivel a medida que ganan experiencia y eso les permite obtener habilidades y pelear contra enemigos más potentes. Las armas son personalizables y para poder instalar aditamentos es necesario conseguirse dinero en el mapa. Las monedas están regadas por todos lados, aunque lo más recomendable es buscar cajas de botín explorando zonas menos obvias del escenario.

El loot y el sistema de experiencia es un salto respecto al juego anterior y forma parte de una serie de elementos que rompen la inmersión. Mientras que en los Wolfenstein anteriores conocíamos enemigos más poderosos a medida que avanzábamos en el juego, en Youngblood se les ha colocado un número en la cabeza que indica el nivel que tienen.

Si son cinco o más arriba que tu, un cráneo rojo advierte que te acabarán de un disparo, aún si se trata del mismo oficial de la Gestapo que mataste en el callejón anterior. Es aquí donde Youngblood deja de ser un Wolfenstein y se convierte en un The Division o Borderlands, adoptando el concepto de looter shooter que muchos han criticado.

El problema de Wolfenstein: Youngblood no es que tenga cajas de botín o que la interfaz de usuario esté sobrecargada de iconos coloridos, sino que tarde o temprano el juego se convierte en una especie de “ayúdame y te ayudo”, en donde las gemelas aceptan una infinidad de misiones secundarias que hacen que te olvides del objetivo principal de encontrar a Blazkowicz.

El hecho de ser un juego cooperativo ayuda un poco, ya que la experiencia está planteada para matar nazis, recolectar dinero, subir de nivel y repetir. En términos de jugabilidad es bien ejecutado, porque los escenarios y las habilidades aprovechan distintos tipos de gameplay, como irte de lleno al frente para matarlos con escopeta, mientras tu compañero te cubre a distancia.

Si las cosas salen mal y recibes mucho daño, tu hermana puede salvarte. Si ambas caen, tendrás que gastar una de las tres vidas compartidas para revivir y poder ayudarla. Hay bonificaciones en forma de un gesto que se activa con un botón, aquí puedes aumentar la armadura, salud e incluso, revivir a alguien a distancia.
El sigilo está presente, aunque no como en los ‘Wolfenstein’ anteriores

En teoría podrías jugar en modo sigilo, aunque no siempre funciona bien. Existe un camuflaje que te vuelve invisible, pero su efectividad está dictada por el nivel de tu personaje. Si deseas una experiencia más pausada, lo recomendable es jugar en solitario o hacerlo con un amigo que busque lo mismo. La inteligencia artificial de tu gemela no es mala y constantemente activa su habilidad para no ser detectada.

Wolfenstein: Youngblood ofrece entre 15 y 20 horas de juego, dependiendo de las misiones secundarias que tomes y de lo mucho que quieras desbloquear. Las calles de Neu-Paris se vuelven repetitivas, al igual que los objetivos opcionales que te asignan en plena partida.

El concepto del loot no es tan profundo como en otros juegos, ya que fuera del dinero o desbloqueables, no hay armas únicas o ítems poderosos que nos inviten a dedicarle tiempo. Como es de esperarse, hay microtransacciones, pero en ningún momento sentí la necesidad de gastar dinero real, porque simplemente no hay algo que lo justifique.

Fuente: hipertextual.com

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